Carta de un viudo a su esposa

Ya se tienden los gatos en islotes de sol, y se acortan los días. Ya cierro las ventanas y me cuesta levantarme. Aunque no es invierno, en el aire, en mis huesos, presiento el invierno más despojado y crudo. Maldeciré la casa, este buque fantasma sin luz ni destino. Recorreré el pasillo, enajenado, solo, pronunciando tu nombre. Llenaré de cenizas el comedor, la sala. Y en las noches más frías, me enterraré en tu lecho, me tenderé en tu sombra. Hasta luego, amada esposa.

